
Foto: Gerardo Iratchet/Tendencia de Noticias
En el marco del evento Liderando Futuro organizado por UNAJE, que regresó a Tucumán para reunir a más de 600 empresarios y líderes bajo la premisa de que el futuro de las organizaciones se construye desde las personas, Marcos Peña ofreció una disertación centrada en el eje Conciencia. Durante su ponencia, el exfuncionario nacional del macrismo propuso una profunda revisión de la "dimensión humana" en el ejercicio del poder, advirtiendo sobre los riesgos de la "conciencia chica" y la necesidad de entender el liderazgo como una experiencia transitoria y colectiva. La idea central de su exposición radicó en desmontar la narrativa narcisista del líder heroico para reemplazarla por la de la "persona en situación de liderazgo", un enfoque que exige autoconocimiento, disciplina y una conexión inquebrantable con la realidad del país para evitar el cinismo.
Marcos Peña, quien hoy tiene 49 años, es padre de dos hijos y está casado con Luciana, dedicó 18 años de su vida a la política profesional, llegando a desempeñarse como Jefe de Gabinete de la Nación. Sin embargo, hace siete años inició una nueva etapa enfocada en acompañar a otros líderes desde una perspectiva humana, lo que lo llevó a escribir su libro “El arte de subir y bajar la montaña”. Al iniciar su charla en el Hotel Sheraton, Peña describió este giro como un “viaje interior” necesario tras su paso por la función pública.
“A lo largo de ese camino fui viendo el tamaño de la omisión, el tamaño de la omisión de la dimensión humana en mi formación, en la narrativa social, en la tarea en la que me tocó trabajar”, confesó Peña al referirse a cómo la sociedad suele ignorar la fragilidad y el aprendizaje personal en los puestos de mando. Para el autor, esta omisión está ligada a la identidad del líder tradicional, la cual busca poner en crisis: “reemplazarla por la idea de la persona en situación de liderazgo que creo que define mejor esa dimensión humana de separado de esa identidad un poco narcisista y ególatra del líder que nace, del líder que son unos pocos, del líder que es solitario arriba de un caballo y resuelve los problemas. Creo que eso es falso”.
La “conciencia chica” y la trampa de la mentalidad competitiva
La jornada, que se desarrolló bajo el lema “Evolucionando como Humanidad”, puso el foco en cómo evolucionar como individuos en un mundo transformado por la tecnología. Peña vinculó esta evolución al desafío de la conciencia, advirtiendo que si definimos quiénes somos solo por nuestro éxito laboral, caemos en una “conciencia chica”. “Si la respuesta de quién soy se centra exclusivamente en nuestra tarea laboral, en lo que hemos hecho o hacemos, en lo que tenemos, en lo que figuramos hacia afuera, necesariamente ahí nuestra conciencia va a ser una conciencia separada del resto, va a ser una conciencia chica”, explicó. Según el disertante, esta desconexión fomenta una “mentalidad competitiva en el que el otro es un rival, en el que el otro es una amenaza, en el que nunca nada es suficiente”. Frente a esto, propuso que el método para sostener la condición humana es la disciplina personal en aspectos básicos como el sueño y la alimentación: “Hay una relación directa entre cuánto dormimos, cómo nos alimentamos, cuánto nos ejercitamos... y la calidad y la intención del tipo de liderazgo que vamos a ejercer”.

Utilizando la metáfora de la montaña, Peña insistió en que el liderazgo es una experiencia con un principio, un pico y, fundamentalmente, un final. En su análisis, detalló los errores que comprometen esta tarea, siendo el principal la falta de un diagnóstico claro y la subestimación del entorno: “El mundo del poder es un mundo hostil. El ser humano y el poder no se llevan bien... estamos diseñados con un chip que nos metieron en la cabeza de chiquitos... que se llama síndrome de Ubris, es la enfermedad del poder”.
Peña subrayó que este lugar de "cumbre" es muchas veces un sitio de “depresión, es un lugar de burnout, de soledad, un lugar frío, hostil y complejo”, donde el ego puede nublar el propósito. Citando a un andinista, resaltó que si alguien busca subir una montaña por ego, el riesgo es mortal: “Si es por ego, no subo. No voy con él porque nos vamos a matar. Si es por propósito, voy”.
La excursión colectiva y el rechazo al cinismo
Contra la imagen de la “excursión solitaria”, Peña enfatizó que todo logro es grupal y que detrás de cada "estatua" hay un equipo. “No se sube solo. Hay muy poquititos locos que hacen escaladas solas. Pero en general es un trabajo grupal. En toda historia de liderazgo, detrás de la estatua hay un grupo. No hay logros colectivos a partir de una sola persona, es imposible”. En este sentido, instó a los líderes a rodearse de pares y no solo de colaboradores, para mitigar el trauma que genera el liderazgo de alto nivel, especialmente en lo público.
Para cerrar su intervención en Liderando Futuro, Peña hizo un llamado a los presentes a no perder el afecto por el país a pesar de las dificultades estructurales. “Nunca, por favor, dejen que se contaminen de cinismo y de falta de cariño por el país que tenemos. Es un país hermoso, es un país privilegiado y un país en pañales todavía en salita de dos con todo para construir”. Concluyó instando a cada líder a actuar como un “accionista” de la sociedad, aportando cada día para construir una realidad más luminosa desde el compromiso consciente.